Diarios
Argentina

Un nómada sufre esa misma irrefrenable energía cuando observa un mapa del mundo. Cada país es una montaña que debe hollar con sus ojos.


Estados Unidos


La luna brilla con la insolencia y la belleza de una muchacha de veinte años. Se desata de los últimos pinos que pretenden enredarla, como un globo de helio que se le escapase a un niño, y alza su redonda figura al firmamento. Ni siquiera las estrellas son capaces de competir hoy con su hermosura. Su luz baña el bosque y convierte mi hoguera en poco más o menos que la débil llama de un extinto encendedor. Agónico fuego con el que ahuyento no tanto el frío como los osos. Si, de nuevo osos. Ya había mandado mi spray antiosos al rincón más oscuro y tenebroso de mi alforja trasera derecha y he acudido, hoy, a su rescate. A punto de entrar a Yosemite la presencia de osos negros es notoria.
La nieve ha bloqueado durante casi una semana el paso de 3.000 metros que, en la parte este, da acceso a este Parque Nacional. Una nueva tormenta está al acecho y no creo que vuelvan a limpiar el Paso Tioga. Permanecerá cerrado hasta Mayo del año que viene. Es lo habitual. Pero antes de continuar con la luna, las tormentas y la hoguera; Las Vegas.





Leyendo esta crónica alguno va a querer pillar uno de esos vuelos de bajo coste del estilo a los que ofrecen www.vuelo24.es y venir a darse una vuelta por el sur de Utah. Algunas fotos que acompañan estas palabras dan prueba de ello. Pero antes una anécdota amarga que me aconteció tras pasar unos días de gloria en Salt Lake City en los que he hecho nuevos amigos: Lou y Julie, la encantadora pareja de warmshowers. Cualquier calificativo se queda corto para describir su generosidad, su hospitalidad, su amor por los ciclistas: por cualquier tipo de ciclista, haya estado 15 años en el camino o 15 horas.

El hombre que dispara ha terminado su munición justo cuando llega su hija en otro coche que conduce la mama. La niña, de unos catorce años, va corriendo a buscar la diana para comprobar cuántos aciertos ha hecho su héroe. Creciendo en ese ambiente, lo más normal es que para el próximo cumpleaños la niña le diga a sus papas: "Quiero un rifle, o si no, una moto".



Canadá

En la Oficina del Parque Nacional en Jasper la simpática chica que nos da las instrucciones de cómo llegar hasta Banff se queda en blanco ante la pregunta que le formulamos:
"¿Cuántas tiendas caben en una plaza de camping?" Tenemos tres tiendas y si debemos comprar dos plazas el presupuesto se dispara enormemente. Dentro del Parque Nacional hay plazas que cuestan 37 dólares por parcela. Somos 4 ciclistas y podemos dividir los costes pero si hay que pagar dos lugares...
Hay algunos campings más baratos: 27 dólares, pero durante el fin de semana están llenos.
Esto nos provoca otra pregunta que le formulamos de nuevo a la chica.





La compañía White-pass and Yukon Road ofrecía este viaje entre Dawson y Whiterhorse, en invierno, por una ruta más directa que la que hoy he seguido para llegar hasta la capital del Yukón. Aprovechándose de que la tierra cerraba sus grietas en un letal abrazo de hielo, los caballos que tiraban del carruaje podían acortar por valles que en verano eran ciénagas por donde los mosquitos harían imposible aventurarse en esos terrenos.

Un viento favorable me impulsa para salir de Tok. Aunque no me sopla en la espalda sino en el corazón. La visita, inesperada y carnívora, de mis nuevos amigos españoles que conocí en Fairbanks me da la energía de la que mis piernas adolecen para mover a Karma. Se han metido más de 600 kilómetros entre pecho y espalda para hacerme dos impresionantes barbacoas. No pueden ser mejor gente. Gracias amigos.
Estados Unidos

La razón para modificar mi ruta se llama Terry. Un neozalendés que conocí en su país hace meses y que con sesenta y pico años, ha estado recogiendo manzanas por 15 dólares la hora para juntar fondos y pagar un avión que, junto con su bici, le trajera por estas latitudes. Terry cruzará por esa pista que lleva a Dawson (Canada) y si yo lo hago por otra frontera no nos veremos. Y eso no se puede consentir.
Los encuentros entre viajeros son tan raros y excepcionales como hallar en tu jardín un trébol de cuatro hojas, ver un arco iris doble o sorprender a un alce cruzando la ruta.


Monté la bici y coloqué todas las alforjas, ante la atónita mirada de un policía que no daba crédito a que una bici pudiera acarrear tanto material. Una vez terminé, comi unas bolitas de arroz que había preparado por la mañana antes de ir al aeropuerto, y salí a la calle. 0ºC y un viento que cortaba la digestión.
















