Estados Unidos
Alice (TX)
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Estados Unidos

18/04/2013

Esta es otra crónica de mis días recorriendo la parte sur de Estados Unidos. Arizona, Nuevo Mexico y Texas. Es la historia de lo que un nómada observa cuando atraviesa un país. Cuando lo hace con los cinco sentidos bien despiertos, atentos a cualquier señal que pueda venir del exterior. Aunque estas sean muy escasas.

03/04/2013
El desierto, con su ausencia de información visual y auditiva, con sus noches estrelladas, con sus vastos espacios en los que los ojos del nómada son a su vez nómadas que no saben donde detenerse, te ayuda a pensar. Es posible que esta crónica padezca de mal de altura. Las reflexiones que vengo a compartir las he sacado después de más de una semana por encima de los 2.000 metros y haciendo 85 kms por día. Pero lo curioso es que hablando con ciertos estadounidenses veo que ellos piensan muy parecido sino igual.
26/03/2013

Escucho en las noticias que más del 70% de las carreteras del estado de California están en mal estado. Los baches que voy esquivando a mi salida de Los Angeles lo confirman. Dejé esa enorme ciudad con la bici llena de ilusión, comida y sin ninguna condición física. Aunque de una ciudad como Los Angeles uno no sale en un día. Tardé unos tres días en dejar de ver edificios y centros comerciales. Los centros comerciales han sustituido en la era moderna a la plazita del pueblo, al banco y a la arboleda. El éxito de un centro comercial radica en la capacidad de su aparcamiento y en la existencia de abundantes cajeros automáticos. Si a eso le añades tres o cuatro cadenas de comida rápida y un par de cines, te aseguras que el pueblo entero pase por ahí una vez a la semana. Posiblemente más.

02/03/2013

En algún lugar escribí que uno no se acostumbra a las despedidas, por más que me esté despidiendo desde el instante que digo hola a alguien por primera vez. En los últimas semanas he vuelto a decir "ciao" a viejos amigos. Y mejor no pensar cuándo volveré a verles para no deprimirme. Mas lo cierto es que entre viejos amigos se teje un hilo, fino y fuerte, que anula la posibilidad de cualquier adiós. Mauricio, por ejemplo, el cara que vive en Sao Paulo y que con tanto cariño remozó a la Comandante Maxi antes de que esta emprendiera su vuelta por el mundo. O el gran Matías, el tranquilo director de cine, padre de familia y (excelente) pescador según él, que me ayudó enormemente con el último documental Contagiando alegría. O los inseparables Horacio y Pablo, el negro y el pelao para entendernos, aquéllos tipos que conocí en el 2002 en Trujillo (Perú) y de quiénes hablo en mi libro Kilómetros de Sonrisas. O la fabulosa familia Burgués y los Castaño de Rosario. Seres encantadores porque ejercen la sencillez y la amistad en estado puro.
14/11/2012
El día que los Estados Unidos decidía su futuro para los próximos cuatro años yo me dirigía hacia Los Angeles. El país amaneció tranquilo, no era festivo, como si esas elecciones presidenciales fuera algo que ocurriera cada martes. No se veían grandes aglomeraciones de personas en los colegios electorales. Era difícil incluso determinar donde estaban los colegios electorales. Las estadísticas aclararían más tarde que esta años ha votado menos gente que en las anteriores elecciones. La política solo interesa a los políticos, el Tour a los ciclistas y el amor a los poetas.
02/11/2012

La luna brilla con la insolencia y la belleza de una muchacha de veinte años. Se desata de los últimos pinos que pretenden enredarla, como un globo de helio que se le escapase a un niño, y alza su redonda figura al firmamento. Ni siquiera las estrellas son capaces de competir hoy con su hermosura. Su luz baña el bosque y convierte mi hoguera en poco más o menos que la débil llama de un extinto encendedor. Agónico fuego con el que ahuyento no tanto el frío como los osos. Si, de nuevo osos. Ya había mandado mi spray antiosos al rincón más oscuro y tenebroso de mi alforja trasera derecha y he acudido, hoy, a su rescate. A punto de entrar a Yosemite la presencia de osos negros es notoria.

La nieve ha bloqueado durante casi una semana el paso de 3.000 metros que, en la parte este, da acceso a este Parque Nacional. Una nueva tormenta está al acecho y no creo que vuelvan a limpiar el Paso Tioga. Permanecerá cerrado hasta Mayo del año que viene. Es lo habitual. Pero antes de continuar con la luna, las tormentas y la hoguera; Las Vegas.


23/10/2012
Recorrer dos veces el mismo camino es algo que no me gusta hacer. Pero The Wave bien valía la pena y desandar la ruta para regresar a Kanab fue un placer (contra el viento) Y a punto de salir de ese tranquilo pueblo en el sur de Utah un hombre se acercó para hablar conmigo. Sucedió a la salida de la biblioteca, esos hermosos lugares en los que antes iba a leer el periódico o algún libro, y a los que ahora acudo para actualizar mi web y responder los correos electrónicos. Steve me sacaba dos cabezas y veinte años al menos. Steve me pidió que le acompañara hasta su casa, pues creía que a su mujer le gustaría conocerme. La casa no se encontraba muy lejos. Era un edificio de dos plantas, antiguo y, como supe después, con Historia. Entre otros ilustres personajes que habían dormido allí se citaba al mismísimo Buffalo Bill.
19/10/2012
Ya me avisó mi amigo Salva: "Butanín, no te pierdas The Wave". (Me llama Butanín desde que conseguí la visa para recorrer Bhutan) Yo le llamo otras cosas que no vienen al caso. Ver la ola, The Wave, es una lotería. Sólo 20 personas pueden acceder al día. La mitad de las plazas se sortean on line con meses de anticipación. Y para cada día quedan 10 puestos que se sortean a las puertas de la oficina a las afueras de Kanab. Normalmente hay unas 60 personas optando a alguna de esas plazas, aunque hay ocasiones que concurren hasta 150 personas. Si te toca tu número, al día siguiente serás uno de los afortunados que podrá recorrer un camino de dos horas (entre rocas, arena y cactus) hasta llegar a una pequeña grieta que conduce a la maravilla de colores, formas, texturas y silencio que configuran The Wave.
12/10/2012

Tal vez sea debido a esa crisis económica que, cual peste bubónica azota la vieja España, la razón por la que me llegan más y más correos electrónicos pidiéndome consejo para dar una vuelta al mundo en bici. Por si sirve de algo he decidido escribir este artículo con unos consejos generales. Escritos con mi alma de payaso y desde la posición de quien desde el ocho de octubre del dos mil uno ha convertido la bici en su hogar. En primer lugar he de aclarar que, tal como yo lo veo, una vuelta al mundo no puede dejar fuera África. Y por África no me refiero a Marruecos, Egipto o Sudáfrica. Recorrer el continente africano ha de hacerse al menos por la costa este, la más turística, para que una vuelta al mundo sea tal. Lo contrario sería como ir a nadar sin meter la cabeza en el agua.
08/10/2012
Un par de noches de descanso en Moab fueron suficientes para renovar mis deseos de aventura y generar la energía que requería el camino de cabras del Shafer Trail. Denominado así en honor a un par de hermanos que en 1917 conducían el ganado por un desfiladero, abierto a golpe de pezuña de cabra, en la quebradiza roca del Canyonland; rojiza como la piel de una alemana tras una tarde tostándose en la playa de Benidorm. Treinta años y pico después el hallazgo de uranio en estas tierras provocó que el imposible sendero se ensanchara para dar paso a vehículos. Y terminado el uranio quedó la pista que ahora es usada por todo terrenos y algunos tipos que están como una cabra. Cual es mi caso y solo para hacer honor al origen del camino. El acceso al Canyonland por el Shafer trail tiene además premio económico: 10 dólares. Pues la garita de acceso al parque está unos metros antes del sendero y si tu alma de funambulista es capaz de superara esas cuestas de arena y piedras del 8% entras gratis al parque.
03/10/2012

Leyendo esta crónica alguno va a querer pillar uno de esos vuelos de bajo coste del estilo a los que ofrecen www.vuelo24.es y venir a darse una vuelta por el sur de Utah. Algunas fotos que acompañan estas palabras dan prueba de ello. Pero antes una anécdota amarga que me aconteció tras pasar unos días de gloria en Salt Lake City en los que he hecho nuevos amigos: Lou y Julie, la encantadora pareja de warmshowers. Cualquier calificativo se queda corto para describir su generosidad, su hospitalidad, su amor por los ciclistas: por cualquier tipo de ciclista, haya estado 15 años en el camino o 15 horas.

25/09/2012
Los disparos se escuchan por todos los rincones haciendo imposible determinar donde está el enemigo. Apostado detrás de un coche blanco un hombre dispara. Sus piernas están bien separadas para asegurar que el retroceso de su escopeta no le tirará al suelo. Antes de disparar se toma tu tiempo, pues primero apura otra cerveza que tira en una caja. Es domingo en la montaña de Utah que se tiñe de rojo. No es la sangre de las víctimas sino el milagro del otoño, que va trasformando segundo a segundo, el color de los árboles: los arces. No hay gente caminando por la montaña (sería un suicidio con tanto francotirador suelto) y los que suben hasta los casi dos mil metro de altura, lo hacen en unas motos de cuatro ruedas, ajenos a la belleza y al colorido del lugar. El polvo que levantan cubre el rojo de los arces y me rompe el alma pues es como si tiraran cubos de pintura en la fachada de un bello edificio.

El hombre que dispara ha terminado su munición justo cuando llega su hija en otro coche que conduce la mama. La niña, de unos catorce años, va corriendo a buscar la diana para comprobar cuántos aciertos ha hecho su héroe. Creciendo en ese ambiente, lo más normal es que para el próximo cumpleaños la niña le diga a sus papas: "Quiero un rifle, o si no, una moto".
19/09/2012

El propio folleto del Parque Yellowstone lo advierte en su interior: las carreteras son estrechas con poco arcén y los ciclistas corren peligro. Ayudaría un poco si además de los carteles que adornan el paisaje advirtiendo de la presencia de animales salvajes, hubiera alguno que dijera: Ciclistas en la ruta. Pero no nos engañemos, los ciclistas no dan de comer al parque y los osos sí. Pero las cosas han mejorado un poco con relación a los parques de Canadá. En Yellowstone al menos hay algunos campings con precio reducido para ciclistas o montañeros. Aunque en algunos como el Lago Lewis es una medida hipócrita. El emplazamiento destinado a ciclistas y montañeros (5 $ persona y noche) es tan pequeño que caben apenas dos tiendas. Mi nueva tienda, con amplio porche, ni siquiera entra.
14/09/2012

Si lo hubiéramos planificado con tiempo no habría salido mejor. Con la escasa diferencia de un día, Lontxo y yo nos encontramos en Whitefish. Este encuentro me ha sabido tan bueno como el anterior - casualmente en otro pueblo que también tiene algo de White: Whitehorse- pero como ocurre con esos lugares para acampar que no te esperas y te sorprenden al final de una dura jornada, por no planificado parece más dulce. Al amigo Lontxo le dedicaré uno de mis artículos en la Revista Bike (en la que escribo mensualmente desde el inicio de esta vuelta al mundo), y no me extenderé aquí sobre su quijotesca figura. Baste mencionar que, tras haber pedaleado con él un par de días, he descubierto el secreto de cómo Lontxo acumula ya 15 años pedaleando por el mundo (170.000 kms). Todos sus gestos, los grandes y los pequeños, son medidos, diseñados para ahorrar energía. Lontxo se quita las gafas como un antiguo hidalgo se quitaría el sombrero ante una bella dama. Su miopía adquiere así rango de hidalguía. Lontxo no va más rápido porque no quiere. Subiendo el último puerto, tras el cual nos separamos hasta vaya usted a saber cuando, Lontxo se puso de pie sobre los pedales y mantuvo un frenético ritmo que ni el mismisimo Contador (con una bici de casi 70 kilos) habría mantenido su rueda. Ni abría la boca ni desviaba la vista del asfalto. Su concentración no estaba en ir más rápido, ni en llegar antes. Su interés era ahorrar energía para los cientos de puertos que le quedan hasta regresar un día a su querida Gasteiz.
06/09/2012

Por un perfecto carril bici, mantenido en invierno en razonables condiciones, mi amigo Mark me guía hasta el centro de Calgary. Ahora está retirado pero cuando trabajaba recorría ese trayecto dos veces al día (36 kms ida y vuelta). Nos conocimos en Nueva Zelanda el año pasado y llegué a Calgary, su casa, para visitarle. Durante tres días no me dejó acercarme al fogón y se preocupó de que no me faltara de nada. Aunque lo que me faltaba había quedado unos kilómetros atrás, en una intersección de la ruta. Las dos chicas suizas con las que he viajado varios días, pronto se convirtieron en una sola. Despedirte en una cruce de carreteras de alguien con quien has compartido tan buenos momentos en la ruta es extremadamente doloroso. Tanto que decimos ir a tomar un café para tratar de suavizar la amputación, sin anestesia local, de una parte del corazón que reciprocamente habíamos perdido cruzando el parque nacional de Jasper. El café no hizo sino prolongar lo improrrogable y saltamos a la bici con la certeza absoluta de que ninguno de los dos tenía idea de en qué cruce de carreteras nos veríamos de nuevo.
20/06/2012

A punto de abandonar Alaska y entrar en Canada he decidido cambiar de frontera. Cruzaré por la que une, más al norte, norteamerica y Canada. Una ruta que se llama "La cima del mundo" y cuyo nombre, siendo una mentira para atraer más gente, no deja de ser evocadora. La cima del mundo podría ser, en su caso, algunas de las pistas que por encima de 4.000 metros conectan los profundos e inmensos valles del Tibet. Pero en Tibet no necestian crear productos de marketin para captar turistas.

La razón para modificar mi ruta se llama Terry. Un neozalendés que conocí en su país hace meses y que con sesenta y pico años, ha estado recogiendo manzanas por 15 dólares la hora para juntar fondos y pagar un avión que, junto con su bici, le trajera por estas latitudes. Terry cruzará por esa pista que lleva a Dawson (Canada) y si yo lo hago por otra frontera no nos veremos. Y eso no se puede consentir.

Los encuentros entre viajeros son tan raros y excepcionales como hallar en tu jardín un trébol de cuatro hojas, ver un arco iris doble o sorprender a un alce cruzando la ruta.
15/06/2012
El primer y mustio árbol surgió nada más bajar el paso de Atingun. Más parecía un poste de la luz que un árbol; no tenía ni ramas. Pero pronto surgieron cuatro más, y veinte, y de repente un bosque. Y la amenaza de lo osos grizzley se convirtió en la de los osos negros, que son los que suben a los árboles. Me tomé más en serio lo de no comer cerca de la tienda antes de dormir y tratar de subir la comida a un árbol lejos de mi campamento. Era un poco más de trabajo del habitual. Empaquetar junta toda la comida y meterla en una bolsa hermética para no atraer a los osos, cuyo fino olfato percibe la comida desde bien lejos.
11/06/2012

La sala del diminuto aeropuerto de Deadhorse (caballo muerto) pronto se quedó despejada. Los demás ocupantes del avión que habían viajado conmigo desde Anchorage ya habían retirado sus maletas de la bandeja de equipajes y habían partido a sus habitaciones metálicas: containers. Todos lo hacían en coche. Nadie camina por Deadhorse pues, en realidad, no hay aceras, calles, ni farolas. Todo es una placa de hielo, un mar sin más vida que la que comienza a aflorar, el uno de junio, con el deshielo.

Monté la bici y coloqué todas las alforjas, ante la atónita mirada de un policía que no daba crédito a que una bici pudiera acarrear tanto material. Una vez terminé, comi unas bolitas de arroz que había preparado por la mañana antes de ir al aeropuerto, y salí a la calle. 0ºC y un viento que cortaba la digestión.
01/06/2012
Las montañas, aún nevadas, recuerdan con su imponente presencia, visibles desde cualquier calle de Anchorage, que el verano solamente ha iniciado su andadura en estas gélidas latitudes. Yo comenzaré la mía mañana. Si hay sitio en el avión de Alaska Airlines llegaré a Dead Horse llegaré a las 4,30 pm, y tras prepararme algo de comida y poner a Karma en orden saltaré al ruedo polar Ártico. Posiblemente esos diez días (nueve con suerte) hasta Fairbanks, cargado de comida y de moral a tope, sean los más duros que deba afrontar este año. Por aquí pasó hace exactamente 365 días mi amigo Salva y los detalles de su lucha en su web no son alentadores. "Salgo del aeropuerto montado en la bici a las 6 de la tarde del 2 de junio. Fuera me reciben dos grados bajo cero y un viento de ballenas que hiela todo a su paso. Me abrigo, saco la espada y a duras penas me abro camino en la batalla. Aquí no se queja nadie, estoy en plena costa del Ártico y no esperaba cocoteros, ni sol como bienvenida" Web de Salva
25/05/2012

Esta es la crónica de un accidentado viaje rumbo a Alaska. Una pequeña historia que comenzó en Hilo (Hawai) a las 5 de la madrugada con mis ojos haciendo competencia al sol para alumbrar el día. Mi amigo Bryan de couchsurfing y su hijo Ashton de cinco añitos me ayudaron a llevar la pesada caja de cartón en la que Karma viajaría hasta Alaska. Como si fuera ET, con sus enormes ojos azules abiertos a la mañana, Ashton ni se movía en el manillar de la bici. Su padre Bryan, con un equilibrio digno de galardón en el festival de circo en Montecarlo, sostenía la caja en una mano mientras conducía la bici con la otra. Durante unos kilómetros le di el relevo, llevando yo la caja, y llegamos al aeropuerto. Me despedí de esta especial pareja que me ayudaron enormemente durante mis sucesivas idas y venidas a Hilo. Ashton tenía los ojos húmedos al irse.

19/05/2012

No consigo quitarme estos días una canción de la cabeza. La escuché por primera vez a un hombre que guardaba la puerta trasera del jardín botánico cerca de HIlo. Un hombre que tras empuñar una ametralladora en Vietnam, y luego un cuchillo en la cocina de un gran Hotel, ahora aprieta su dedo contra las cuerdas de un ukelele. La parte más dura de su trabajo es, según me confiesa, preparar su almuerzo. Protegido por palmeras y un plástico azul de la lluvia, le arranca al instrumento los acordes de la canción que me persigue: Mapuana. Una típica canción hawiana cuya letra habla de cosas tan banales, y a la vez fundamentales, como el amor. Dice así:
11/05/2012

Como cada invierno en Montana, Smitthy y Roberta regresaron con ganas de esquiar y preguntaron por su habitual instructor. Les gustaba la forma en la que él enseñaba y siempre acudían al mismo. Pero este año no estaba. Se había ido de Montana y nadie pudo decirles a donde. Unos cuantos años después, Smitthy y Roberta, decidieron cambiar la nieve por la playa y se mudaron a Hawaii. Sin mucha idea de donde vivir terminaron recalando cerca de Kona, en la isla grande. Roberta había nacido en Hawaii, por lo que les fue fácil reconectar con la cultura local.

Aprendieron a tocar el ukelele y se unieron a un grupo para aprender el Hula: la danza tradicional hawaiana que recuerda el vuelo de las aves. Se unieron a un grupo de su pueblo y en la primera clase, ¿quién formaba parte de los asistentes? Su instructor de esquí de Montana.
25/04/2012


La página web del Departamento de Exteriores de USA mete el miedo en el cuerpo a todo aquél que pretenda poner los pies en Casa Obama. Ya no basta con tener un pasaporte electrónico. Además, si se entra por el espacio aéreo, hay que enseñar un billete de salida del país. Mi amiga Ebba en Auckland me ayudó a conseguir uno gracias, no a una compañía aérea, sino a un programa de ordenador llamado PDF (Porque debes falsificar). Ni la compañía aérea, Qantas, que me ha traído hasta Hawaii (¡¡gratis para Karma!!), ni el policía norteamericano que me escaneó los cuatro dedos de cada mano me pidieron el billete de salida. Ni tampoco me pidieron justificar que tengo recursos económicos suficientes para recorrer USA.





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