Nueva Zelanda
Beeville (TX)
EEUU
Biciclown

Diarios



Nueva Zelanda

12/04/2012

Nada me pone más nervioso que tomar un avión con mi bicicleta. El domingo me subiré a tres. No es miedo a volar. Es miedo a que rompan la bici al lanzarla desde la bodega del avión al carro de las maletas. En estos momentos siempre recuerdo la historia que hace unos cuantos años me contó Lorenzo en Mozambique. Era casi en el inicio de sus viajes por el mundo (lleva 14 años) y volaba a Australia. Le destrozaron la bici en el vuelo y como compensación le dieron 300 usd. Lorenzo ni siquiera se defendía en inglés y con su carácter apacible y reservado no iba a protestar. Un pasajero le ayudó a cobrar esa pequeña indemnización y le llevó hasta una tienda de bicis. Allí le vendieron una bici de segunda mano. Le costó 300 usd. Era de acero, de color verde y es con la bici con la que llegó a Mozambique y con la que ahora sube por los Estados Unidos rumbo a Alaska. En este último lugar tal vez nos encontremos de nuevo este año.

21/03/2012
Dicen que el hombre del tiempo en Nueva Zelanda no se suele equivocar en su pronóstico. Lo hace en el día de la semana. Es decir que cuando habla de que el jueves habrá sol, quiere decir que habrá sol, pero tal vez no sea este jueves sino el lunes de la siguiente. Todos los kiwis con los que he hablado coinciden en apuntar que este año no ha habido verano en Nueva Zelanda. Aunque el agua no ha traspasado mis alforjas empieza a crear goteras en mi paciencia. Durante dos días enteros (más de 11 horas) he pedaleado con constante lluvia y terribles vientos. Ha sido en mi camino a Gisborne, una ciudad famosa por ser un buen lugar para hacer surf. Pero el verdadero surf lo he practicado en la carretera que me ha traído hasta aquí. Cuando te cae agua del cielo, pedaleas sobre una piscina, y un camión que te adelanta a menos de medio metro te arroja agua a presión desde sus ruedas, mantenerse en el pequeño o inexistente arcén es una cuestión sólo reservada para experimentados surfistas.
07/03/2012
Esto que voy a contar ocurrió hace nueve años. Tras terminar de recorrer América del Sur regresé a Oviedo para preparar la vuelta al mundo (2004-2014). Para conseguir fondos actué de payaso en algunos festivales, como el de Feten en Gijón. Ese mismo día otro clown figuraba en el cartel. Era un hombre que venía de muy lejos: de Nueva Zelanda. Fraser Hooper tenía (tiene) mi misma edad. Su clown es elegante, entrometido pero cariñoso, cercano y juguetón. Comedido y efectivo. Yo no recordaba que Fraser vivía en la capital de Nueva Zelanda, Wellington, y a punto ya de abandonarla, hemos coincidido en un barrio llamado Newton. Allí me alojaban dos chicas españolas, de La Rioja, que no dudaron en compartir una cama para dejarme la otra. Varias veces había escuchado esta semana lo de: "Te invitaría a casa pero no tengo sitio". Tenemos demasiado: demasiado dinero, demasiada casa, demasiada ropa y hasta demasiado tiempo. Ocurre que no lo administramos con generosidad.
27/02/2012
La lluvia no cesó ni un solo minuto en toda la tarde y el viento intentó llevarse la tienda volando. Noe se hubiera encontrado en su salsa ese día en el Parque Nacional Abel Tasman. Pero como dice el refrán, Nunca llovió que no parara, y el día siguiente el sol que aparece en las postales turísticas que hacen que el Abel Tasman tenga 150.000 visitantes por año salió a relucir. Durante tres días he estado caminando por ese hermoso Parque que serpentea por la costa del norte en la isla del Sur de Nueva Zelanda. Los leones marinos tratan de ponerse a salvo cuando los barcos-taxis llevan a turistas a las partes más remotas del parque. El oleaje que levantan también molesta a los kayakistas, como Nuno y Joanna. Conocí a esta pareja de ciclistas portugueses en Westport, un sábado de mercado que fue providencial para mi. No vendí más que 5 dvds de La Sonrisa del Nómada pero conocí una mujer que me hizo un gran regalo. Algo muy especial que llevaba tiempo buscando y que ella, Kate, interpretó con gran delicadeza. La historia había comenzado en un lugar de África en el año 2.005, en Niger. Una tarde vi a un hombre que hacía pendientes y le pregunté si podía fabricarme uno con el logo del biciclown. El día siguiente lo tenía hecho. Esa es la rapidez africana. Lamentablemente lo perdí en el camino algunos meses más tarde. Kate fabrica colgantes, pulseras y pendientes como una afición. Pero sus diseños son únicos y hermosos.
10/02/2012
Con puntualidad británica comenzó la presentación de mi proyecto en una concurrida sala del politécnico de Christchurch, la ciudad que hace casi un año, sufrió un gran terremoto que acabó con la vida de casi 200 personas y dejó sin casa a miles. Saludar a la audiencia y sentir el suelo moverse fue todo uno. Me agarré al pequeño estrado pero miré a los asistentes buscando la salvación. La sala comenzó a reírse. Tal vez como reacción humana y natural al miedo o mas posiblemente al ver mi cara de pánico. Desde que ocurrió el gran terremoto que transformó la vida de la, hasta entonces, apacible, hermosa y ajardinada ciudad de la isla del sur de Nueva Zelanda, más de 10.000 pequeños terremotos se han dejado sentir. Sus habitantes parecen acostumbrados. Al menos los que yo he ido conociendo estos días. Otros muchos se han ido. El centro histórico de la ciudad ha desaparecido. No puedo dejar de comparar lo que veo con lo que vivi en Japón durante el tsunami. El dolor por las enormes pérdidas humanas y la capacidad del pueblo japonés para soportar el dolor, con pinceladas de estoicismo, contrastan con la notable insatisfacción de los habitantes de Christchurch al ver como, tras casi un año desde el terremoto, la ciudad aún sigue vestida de escombros. Hasta el punto de que el Ministro Gerry acusa del retraso al alcalde de Christchurch Parker calificándole de payaso. Bastante injusto pues nunca se ha visto que los payasos se insulten entre sí llamándose políticos.
30/01/2012
Después de la visita de mi hermana María me doy cuenta de que mi cerebro piensa en otro idioma. Hay palabras que ya no me vienen a la mente en español sino en inglés. Me resulta más fácil y de mi boca sale no un idioma sino una especie de jerga internacional. Algo parecido le ocurre a Duruck, que acaba de cumplir cinco añitos. Yo le conocí en Ankara la capital de Turquía cuando apenas tenía uno. Fue durante el invierno del 2.008. Me refugié en casa de Murat y su familia,unas personas que había encontrado semanas antes en la isla de Chipre. Estaban a punto de abandonar Turquía pues querían intentar una nueva vida en Nueva Zelanda. Pensando exclusivamente en darles a sus hijos un futuro que en Turquía no parecían tener. A excepción de Murat, ni su mujer ni sus dos hijos sabían una palabra de inglés.
18/01/2012
Cuesta creer que en esa empinada calle en el centro de la provincia de Otago, donde el calor te derrite pero el frío hace que en un vecino pueblo haya una pista de hielo abierta todo el año, se escuchara hablar chino hace apenas cien años. No eran muchos. Dicen que 50, y desde luego no eran clientes habituales del Vulcan Hotel. El pueblo de St. Bathans no existiría de no ser por esa enfermedad que comienza por una pequeña fiebre: la del oro. La mayoría de los habitantes eran sin embargo irlandeses, como lo atestigua una visita al cementerio de la Iglesia católica, que no podía llamarse de otra manera que San Patricio.

"Los chinos están enterrados en alguna colina más abajo"
me asegura Mike, el actual dueño del Vulcan Hotel, con un maltoso acento que me obliga a poner todos mis sentidos en juego para entenderle.
08/01/2012
El humo que sale de la estilizada chimenea se pierde entre las gigantescas montañas que se levantan, como con urgencia, en el lago Wakatipu. La sirena que antiguamente servía para alertar a los ganaderos de las estancias colindantes con el lago, moviliza ahora a los turistas que apuran su último café en el embarcadero de Queenstown. Una ciudad situada en un enclave de cine pero que ha caído en manos del turismo, las tiendas de artesanía barata y olores de comida asiática. Queenstown es un claro ejemplo de un pueblo que ha enajenado su encanto a favor de turismo de paso. La globalización es ahora comer en un tailandés siendo atendido por una joven de Vietnam que pasa la comanda al cocinero chino. El verdadero embrujo de Queenstown se encierra en sus jardines y en un paseo por la orilla del lago poco antes de la puesta de sol. Incluso en un baño en el lago, a sólo unos kilómetros del pueblo, durmiendo en la tienda en alguna de las pequeñas playas que reciben el oleaje del vapor Earnslaw.
24/12/2011

"Ni siquiera uno de mis amigos se ha planteado la posibilidad de arriesgar, de viajar, de soñar, de apostar por una vocación, o por otro estilo de vida (...);la sociedad de consumo, la atadura al trabajo, y sobre todo el miedo, los miedos nos han vuelto mecánicos, pusilánimes, acomodaticios, ... incapaces de dar la vuelta a la tortilla".


Así me comenta por correo electrónico un antiguo amigo de la época universitaria en Pamplona. Se de lo que me habla. La mayoría de la gente con la que me encuentro en mis viajes suele preguntarme precisamente por eso: la fórmula mágica para dar la vuelta a la tortilla. De donde obtuve yo el coraje para, hace más de 10 años, abandonar el barco de la felicidad efímera del consumo y la inestable seguridad de unos muros y un salario.

 

09/12/2011
Una mujer encerrada en un cuerpo de modelo esperaba al Portu en el aeropuerto de Auckland. Sostenía un cartel con el nombre de mi amigo. Pretendía gastarle una broma. La mujer le daría una carta en la que le explicaba que yo no podía ir al aeropuerto a recogerle y que en mi lugar, había contratado el servicio de una agencia de modelos que empleaba, para tales menesteres, modelos sordomudas. Al lado de mi amiga, la modelo, estaban los enviados de los hoteles sosteniendo los carteles de sus huéspedes y alucinando con lo duro que se estaba poniendo el negocio de recogida de pasajeros en los aeropuertos.
25/11/2011
Si las rampas de la isla norte de Nueva Zelanda son escandalosamente empinadas, los últimos kilómetros para llegar al Cabo Reinga son abusivamente empinados. Entiendo que el faro deba estar en un lugar elevado pero no tanto que el camino hasta su luz sea un insolente sube y baja. Al menos hacía buen tiempo cuando, arrastrando la lengua por el pavimento, llegué a los pies del faro del Cabo Reinga. Tenía, eso sí, la moral alta. Tras la videoconferencia en riguroso directo con la gente que asistió a la proyección de La Sonrisa del Nómada en los salesianos de Pamplona mi espíritu estaba alegre. Ya me contó el amigo Braulio que la presentación en el local Cambalache de Oviedo también fue un éxito: "En fin, Álvaro, que brilló una llamita tuya en la ciudad tuya, pequeña pero cálida". Y la organizada en Cuarte de Huerva no lo fue menos. 80 personas asistieron. Aproximadamente las mismas que en Logroño.
07/11/2011
Me detuve en Shangai (China) con la intención de escribir un nuevo libro. Tras tres meses de voluntario encierro no conseguí terminarlo. En Japón, aprovechando el invierno, continué la escritura. El año 2011 ha sido especialmente duro para mí, al tener que combinar la producción y realización del documental La Sonrisa del Nómada con el nuevo libro. Por un momento me vi haciendo malabares con siete bolas...; demasiadas. Pero perseveré y, en breves días, el nuevo libro saldrá a la luz. Aunque sin la ayuda de Marcos Cruz hubiera sido casi imposible. Desde hace años Marcos es la persona que me ayuda con la corrección de mis libros. Rastrea los puntos, las comas, los topónimos y antónimos, y hasta me sugiere nuevos enfoques. Confío poder conocerle un día en persona y darle las gracias como se merece: con un abrazo sin paréntesis ni kilómetros de por medio.
31/10/2011
No hay día en Nueva Zelanda que no reciba alguna invitación. Especialmente los sábados, cuando frecuento los mercados locales. Los agricultores y ganaderos de la zona se acercan con sus productos (de primerísima calidad) para ofrecerlos a los clientes. Desde quesos, salamis, pan, chocolates, verduras y hasta documentales. Eso es lo que yo vendo. Pero también mi historia. Acercándome a la gente con respeto les ofrezco mi historia. Algunos no tienen demasiado interés y ni siquiera tuercen la cabeza para declinar mi invitación a pararse. Pero otros como Max vienen directos hasta mi pequeño puesto. Max quiere practicar su oxidado español (suponiendo que alguna vez estuviera limpio del fuerte acento neozelandes). No tarda mucho en comprarme un dvd y en invitarme a su casa. Antes se distancia unos metros para, disimuladamente, consultarlo con su esposa. Esa noche dormiré en su casa tras haber pasado la tarde en el bosque disfrutando con sus amigos una típica barbacoa neozelandesa. Con cordero del que abunda en estas tierras. Hay más cabezas de cordero por habitantes. La mayoría de ellos (de los neozelandeses) viven en la isla del norte, en Auckland. En esta isla, especialmente en la parte norte, es donde habitan la mayoría de los maoríes. Max y Catherine me dejan ir con la promesa de que volveré. En esta isla el avance se hace más lento por las invitaciones que por las cuestas. Es increíble la sociabilidad de los habitantes. No se cómo decirlo en español. En inglés se dice que son easy going. Te invitan a su casa sin mayor dramatismo ni ceremonias. Te sientan en la mesa y, antes de preguntarte, ya tienes una botella de cerveza en la mano. Al día siguiente vuelves a la ruta y dejas un par de personas agitando los brazos en la puerta de su casa. No hay sido más que unas horas, apenas medio día, pero los lazos que se han tejido entre cordero, cerveza, kiwis y risas parecen duraderos.
26/10/2011

Tras asistir a las celebraciones de la victoria de los All Blacks sobre una luchadora Francia comencé a pedalear por este país. Pedalear no es sin embargo el término más exacto. Arrastrarse sería más apropiado. La alianza del viento y las brutales rampas es eficaz para detener mi camino. Solo alguien fuera de sus cabales haría 100 km al día pedaleando en Nueva Zelanda. Y por otro lado sería como comerse un tiramisú con una cuchara sopera. Nueva Zelanda es para saborear al ritmo que imponen los feroces vientos y las subidas descomunales. Especialmente duras son en la isla del norte, la que ahora recorro. En el sur me han dicho que son puertos más largos pero más tendidos. En el norte no alcanzan la categoría de puertos pero bastan 500m al 16% para obligarme a meter primera. En un país así el cambio Rohloff es especialmente útil. Lo ondulante del terreno exige jugar continuamente con las marchas y pasar de la 1 a la 10 en cuestión de metros.




Biciclown
Biciclown
Proveedores
Participa
Dale un empujón al biciclown en las subidas, en los desiertos o en su cuenta de “La Caixa”.
Nº cuenta: 2100 1693 92 0200060754
IBAN ES42 Código SWIFT: CAIXESBBXXX
Con la ayuda de Murfi las novedades de cada mes gratis para ti.
Boletín Abril: AQUÍ
Facebook Twitter Skype Youtube
Biciclown
Biciclown
biciclown@biciclown.com
Web designed by Moluanda
Powered by Motorito