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biciclown

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Ya me lo habian dicho

Pasado el susto, no pequeño, del maldito Pasaporte me dispuse a disfrutar de Irán. Un país donde más que en ningún otro es mejor no tener muchos planes fijos. Dejarse llevar por los acontecimientos. Uno de ellos me aguardaba en Germi. Paré en la primera tienda con posibilidades de tener Internet. Pregunté si podía usarlo y me dijeron que sí. Aunque no se si se dedicaban a eso o a vender libros, pues era una librería. Lo cierto es que no pusieron problemas.

Ali no sera el ultimo que me invite
Ali no sera el ultimo que me invite

Campamento de seis ciclistas
Campamento de seis ciclistas

Steve, Andie, Sabine, yo, Johannes y Salva el granadino (de izq a dcha)
Steve, Andie, Sabine, yo, Johannes y Salva el granadino (de izq a dcha)

La hamaca, esa gran ignorada
La hamaca, esa gran ignorada

Encuentro en ruta
Encuentro en ruta

4.811 metros de hermosa mole
4.811 metros de hermosa mole

Una carretera borracha
Una carretera borracha

Los verdes de Iran
Los verdes de Iran

Terminada la revisión del correo electrónico, y ante la imposibilidad de responder a todos dada la lenta conexión, decidí seguir pedaleando. La ruta atravesaba pastos de verdes que pocos pintores conseguirían en su paleta. La tierra está labrada a destiempo, y cuando unas hectáreas ya están dando trigo otras están siendo sembradas. El paisaje relaja el espíritu. Pero el dueño de la tienda me invitó a almorzar. El restaurante ofrecía carne de primero y de segundo. Igual que en Etiopía, aquí cuando se habla de carne sobran hasta los cubiertos y casi el pan. Nasser tiene veintiséis años y regenta esta modesta librería. Al terminar el almuerzo me preguntó si podía quedarme ese día en su casa. Aunque sólo llevaba cincuenta kilómetros, su forma de invitarme me pareció tan sencilla y directa como las margaritas. Así que me quedé. En la pequeña aldea en la que vivía nunca había caido un turista. Los niños venían a la casa solo a verme pero no traspasaban la puerta de la habitación. Tenían miedo. Las mujeres por supuesto desaparecieron. Los sexos están en estos países musulmanes tan separados como los omoplatos. No dejaba de venir gente a la casa, y a las once y media de la noche yo no sabía de que postura bostezar para que me dejaran dormir. (video en youtube) A la tarde había hecho un poco de magia, malabares y clown para los chicos del barrio, pero cortaron la diversión porque aquello no les cuadraba en sus esquemas islamistas. Ya me pasó en el barco que me llevaba de Nuweiba a Aqaba en Jordania. La magia con humor y el corán son como el agua y el cuero. Se llevan fatal.
Los planes de cien kilómetros por día se veían frustrados una y otra vez en Irán por causa de la hospitalidad. Ya me habían dicho que lo difícil de Irán era conseguir la visa y que el resto era disfrutar. Cuando entré en Meshgini casi oscurecía. El hotel, único, cobraba 20 euros por la habitación. Me fui cerca del mercado a buscar algo más económico pero no había. Condenado a pedalear de noche para salir del pueblo y acampar fuera, el dueño del Internet me dio la solución. Hoy duermes en mi casa- me dijo. Pero primero me llevó a cenar (carne por supuesto) con su amigo y a tomar un helado.
Las casas en Irán no suelen tener camas, la gente duerme sobre el colchón que se coloca directamente sobre las alfombras que cubren todas las estancias. Al día siguiente recogen el colchón y a trabajar. En mi caso a pedalear. Pero tampoco ese día serían 100 kms. La cubierta trasera, tras diez mil kilómetros, perdía aire. Uno de los terribles cristales que pisé en Georgia había rajado profundamente la cubierta. Eso es la parte buena de que en Irán no haya alcohol. Hay menos cristales rotos en la ruta. Aunque tambien se puede conseguir alcohol como pude comprobar en Meshing. Mi mentor, que a sus 43 aún vivía con su madre, lo tenía escondido detrás del sofa.
Cambié la cubierta por la de repuesto y de nuevo en ruta. En una curva del camino un fila de ciclistas venía en dirección contraria. Nada menos que cinco. Acababan de pasar Ahar en cuya ciudad un hombre les invito a su casa a ducharse y a comer. A ese hombre me lo encontre yo tambien cuando llegue a Ahar y tambien me invito a su casa. Pero no pude aceptar su invitacion porque antes me habia invitado Ali. Un joven estudiante de ingenieria en Teheran que ayuda en su ciudad natal a su hermano en el supermercado. Ali me llevo a comer, me regalo comida..., y no hizo mas porque no le deje. Ya me voy acostumbrando a Iran. Si intentas pagar al principio dicen que no, pero si insistes un poco lo consigues.
Desde Tabriz, cansado y azotado por el sol y el viento, pero contento de que mi camino no se detenga por las espinas, Paz y Bien, alvaro el biciclown

After checking mails, impossible to answer all of them, I continued cycling. Landscape relaxes the spirit. The owner of the shop invited me for lunch, first and seconds just meat. Nasser is 26 and is the owner of this modest bookshop. After lunch he asked me to stay at his place for a night, I had not cycled much but he was so kind....As soon as we arrived, women of course disappeared, genders are really separated in these countries. In the afternoon I did some magic tricks for them and for the kids of the suburb, but they did not understand my sense of humour, magic with humour and Coran are like water and leather, they do not get on well.
People in Iran are so warm and nice that my plans of 100 km a day were not possible. When I arrived in Meshigini it was getting dark. I found a hotel, 20 euros a night, I went near the market to find something cheaper and that is when I found the owner of the internet shop gave me the solution, you sleep in my house but first we will go for dinner (meat of course) with my friend and for an ice cream.
Houses in Iran do not usually have beds, people sleep on a mattress. Next day, put away the mattress and off to work. But, that day the back tyre was losing air. One of the glasses I came across in Georgia had done its job. That is the good thing about Iran, there is no alcohol, although my host, 43 and still living with his mum, had his alcohol bottle hidden behind the sofa!.
I changed the tyre and set off. I came across 5 guys on their bikes. They had just passed by Ahar and a man invited them for lunch and to use his shower, I also met that man but could not accept his kind invitation because Ali had invited me before. Ali, an engineer student in Teheran helps his brother at the supermarket, he took me for lunch and did not do anything else for me because I did not let him do it, it was far too much.
From Tabriz, tired and burnt by the sun and the wind, happy to keep on going, Peace and Well Being, Alvaro, the Biciclown

 
 

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